
TRAITOR es una historia concebida al alimón por el cómico Steve Martin y el coguionista de EL DÍA DE MAÑANA Jeffrey Nachmanoff. El tándem, a priori, tira un poco para atrás, ¿verdad? Pues bien, sorpresa, se trata de una buena historia, llevada a la pantalla con acierto y sin trampas; bien narrada, con buenos giros de la trama (especialmente el último), un par de actores de primer nivel contenidos y convincentes, y un mensaje necesario articulado sin énfasis: una cosa es la religión musulmana y la moral que el Islam predica, y otra la lectura sesgada y delirante que del Corán hacen un puñado de locos fanáticos.
TRAITOR empieza como un film carcelario (una suerte de prison break yemení en versión original), continúa como una cinta sobre la Yihad, sus motivaciones y estrategias, con continuos cambios de país a lo trilogía Bourne (atención, incluye atentado en España, y van dos en muy poco tiempo -recuérdese el que aparecía en VANTAGE POINT ); y de repente se transforma en un tenso relato de espionaje con sorpresas. Nada en ella es especialmente brillante ( se nota demasiado que los personajes y el argumento, de gran potencial, se han desarrollado sólo hasta donde la comercialidad lo permite), pero el caso es que resulta creíble y funciona: atrapa, entretiene y su moraleja se desprende sola de la narración, sin necesidad de sermones.
TRAITOR habría sido bastante mejor si la hubiera firmado Michael Mann o Paul Greengrass, y bastante más compleja y política si la hubiera producido y protagonizado George Clooney, pero tampoco vamos a quejarnos. Es un producto estimable que combina evasión y reflexión con tacto y sentido del espectáculo, un filme en el que todo armoniza y al que poco se le puede reprochar. Si acaso ese título sobreimpreso que da a entender que en España escribimos inteligencia con doble l. Hay gente que la escribe con h o con j, pero ¿con doble l? No sé, quizá, alguna vez, esas criaturas de la ESO...

Guy Pearce (¿o es Brad Pearce?) con un guardia civil en el CNI.