Por Alicia, 6 Mayo 2008

Los clásicos más audaces

Con tan solo los cinco primeros minutos de metraje, Baz Luhrmann nos introduce en la más famosa historia de amor de la literatura y entre música estridente, escenarios de videoclip y un despliegue hiperactivo de imágenes, recrea un Romeo y Julieta tan sencillo en su fondo como atrevido en su forma. Pese a la división de los críticos en su estreno -gustó a algunos e indignó a otros-, constituye un ejemplo perfecto de que las obras clásicas se adaptan perfectamente a los montajes posmodernos, siempre que se mantenga su esencia. El teatro se genera en las emociones humanas y, por tanto, jamás caduca. De hecho, lo verdaderamente asombroso de esta versión de Romeo y Julieta es que se atrevió a usar el texto shakespiriano, en inglés clásico en verso, y pese a ello, ni cuesta seguir sus diálogos, ni pierde pasión o frescura.

Romeo

Pero es Kenneth Branagh, sin duda, el director que mejor ha entendido el concepto de modernizar los clásicos como forma de homenaje. Branagh, que ya tenía experiencia (había adaptado Enrique V y Mucho ruido y pocas nueces), tomó prestado el texto más famoso de Shakespeare, Hamlet, para redescubrir su tragedia en un entorno actualizado, más cercano al espectador medio. Branagh trabaja las obras desde el más profundo respeto hacia ellas y este respeto surge de la comprensión profunda de los textos: los entiende, los admira y eso le conduce a situarlos en un lugar privilegiado de su filmografía. A menudo se considera las obras clásicas como meros documentos históricos, cuando son en realidad tratados sobre la condición humana que, por ello, no deberían perder vigencia.

Hamlet