Por Vasiliev, 15 Octubre 2008

Elementos ultranacionalistas en las películas de corte policial americanas, producto de antiguos conflictos tribales

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Como espectador catatónico y parnasiano me sentí esculturalmente vilipendiado e insultado, es decir, en el nucleo del riñón, al acudir, previo pago de seis rublos con cincuenta, a cierto cine, que cada vez se asemeja más a un chicle engarzado con cuscurros de pan, recordando el mítico chicle «divertido» de Ghandi, que suelo llevar siempre conmigo en la suela ( tengo auténtico pavor a unas zapatillas estratosféricas), en el que impunemente se proyectaba Asesinato Justo al mismo tiempo que contemplaba horrorizado como la gente reía y daba palmas mientras les azotaban, con unos gags gangosos y neooctogenarios, mientras Al DeNiro y Robert Pacino encontraban la técnica sofística de convencernos a todos de que bien está justificada una patada moral en las costillas o un disparo ético en la cabeza del criminal a cambio de satisfacer la ansia justiciera, ante una sociedad para ellos falta de una noción del orden y los sentimientos con respecto a las víctimas, que claman venganza.

Tampoco pude dejar de percatarme, entre otras cosas, de que casualmente la cocainómana de los retretes, blanca y maquillada, sufre una rehabilitación casi mágica en favor de las fuerzas del orden que se la habían metido doblada, violando con cierta ironía totalitaria su derecho natural a drogarse, mientras que por otra parte tenemos al traficante negro y arrogante, al compañero/policía mejicano que le levanta la novia al protagonista y se encarga de joder todo el tiempo a Robert Redford, los que nunca aprenden, los que han nacido para la delincuencia morbosa y fladisvástica. «Volveros a polonolandia», les espeta Cary Grant ante el fervor estadístico neuronal de unos cuantos cotidianoradicales que habían venido a la sala acompañados de sus esposas y con la camisa de los viernes, seguramente atiborrados de carne de arce y vino de ballena.

Tranquilamente se puede calificar esta película de pura basura, sin miedo a caer en la gratituidad. Que así sea.

Por Ilsa Lund, 27 Mayo 2008

Muere Sidney Pollack

Está mañana me he despertado con una noticia triste: Sidney Pollack, director y actor de cine norteamericano, ha muerto a los 73 años víctima de un cáncer. Igual a muchos de vosotros no os suena demasiado, pero él es quien estuvo detrás de las cámaras en «Tootsie», que obtuvo 10 nominaciones en 1982, o «Memorias de África».

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Pollack nació en Lafayette (Indiana - USA) en 1934 y a lo largo de su carrera ha compaginado su trabajo como director con otras muchas facetas. De hecho, aunque en un principio su intención fue la de ser actor, para lo que estudió interpretación en Nueva York, a principios de los sesenta comenzó a trabajar como realizador televisivo, dirigiendo varios episodios de series como «El fugitivo» o «La hora de Alfred Hitchcock». En 1965 realizó su primera película como director, «La vida vale más», con Sidney Poitier y Anne Bancroft. A ésta seguirían muchas películas, varias de ellas protagonizadas por Robert Redford, en quien Pollack encontró digamos su «actor fetiche». Juntos trabajaron en «Las aventuras de Jeremiah Johnson» (1972), «Tal como éramos» (1973) o «Memorias de África» (1985), gran película (y fantástica interpretación de Meryl Streep), que le valió a Pollack un Oscar como mejor director.

Sidney Pollack fue asimismo productor de muchas películas importantes de los últimos años, como «El Paciente Inglés» o «Cold Mountain», ambas del malogrado Anthony Minghella. Además, como ya he comentado anteriormente, participó en varias producciones como actor, incluso en sus propias películas. Por ejemplo, los seguidores de la serie «Will & Grace» lo habréis visto en el papel del padre de Will. También en una de sus últimas películas, «La Intérprete» (2005), en la que Sean Penn tiene que proteger a una intérprete de la ONU (Nicole Kidman), Pollack se guardó un pequeño papel para sí mismo como jefe del servicio secreto de los EE.UU.

Pronto podremos verle en uno de sus últimos trabajos como actor en la película «La boda de mi novia», con Patrick Dempsey, que se estrena este viernes 30 de mayo.