Por Vasiliev, 25 Abril 2008

Más Bambi

El Miche

Más interesante que la anunciación de los próximos proyectos de Pixar y Disney y el estreno de la segunda entrega del super coñazo «Las Crónicas de Narnia» es el lado oscuro de la factoría Disney de los sueños, tan famosa por la supuesta congelación del cadáver de su fundador como por la descojonante figura del , una ingeniosa mezcla de despotismo animal y total ausencia de .

Casi todos sabemos ya de los que sus películas inyectan a la juventud:

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Además de las inquietudes de , que iban desde la pertenencia a la secta masónica Orden de Molay, su colaboración con el Comité de Actividades Antiamericanas y sus visitas y admiración a , quien a su vez admiraba a . Al comenzar la Segunda Guerra Mundial tomó parte por su país en defensa de los valores americanos (crítica del al Fascismo para acabar besando la estatua «de la libertad»):

Fabricar sus obras de magia y por consiguiente todo su merchandising de buenos sentimientos tiene su precio: imputaciones de esclavitud infantil, explotación y abusos empresariales. Por ejemplo: «Durante varios años, hasta el otoño de 2002, en una empresa proveedora de en Bangladesh se dio la siguiente situación: las trabajadoras debían coser camisetas de Disney en jornadas de 14 a 15 horas y eran golpeadas con frecuencia por los supervisores. Recibían como retribución 5 centavos de dólar por camiseta, que la multinacional vendía luego por 17,99 dólares (lo que supone un porcentaje de 0,25 % por camiseta).» Y sigue.

Acusaciones a la industria Disney las hay para llenar un container:

1) El descontrolado del ratón favorito de con el resto de los animales en sus primeros cortos, pateándolos libremente:

2) Otros han visto y desprecio hacia otras razas no blancas:

3) y exaltación de la otra vez:

4) Todo eso y mucho más en sus canciones:

5) Y extremos donde la interpretación toca ya el otro extremo de la depravación mental:

Seguramente tu mismo, si en tu has estado expuesto a sus animaciones, tendrás ahora en tu subconsciente todos estos mensajes ideológicos instalados como un microchip que te ordena destruir tu ordenador. ¿La solución? Podeis comprarles a vuestros hijos esas mal dibujadas cintas falsificadoras del original y causarle un doble efecto traumático.