La muerte del cine
La muerte en el cine es un giro habitual, no hay conflicto si no hay muerte, no hay pelÃcula si no hay conflicto. La muerte es un elemento básico para un buen guión y si no hay muerte hay una sensación de que nada ha pasado en el espectador. Tanto para el drama o la comedia ( si alguien muere de una forma graciosa, como por ejemplo con una bombona de butano). Nos atrae la muerte y nos salta las lágrimas.

¿Que habrÃa sido de Titanic, la pelÃcula más taquillera de la historia, si Leonardo Di Caprio no hubiera muerto en el oceano y hubiese desencadenado otras tres secuelas más? Si Bruce Willis no hubiera estado muerto en El Sexto Sentido, ¿entonces como sabrá que es un fantasma? ¿ExistirÃa Tarantino?
La fórmula de puro sadismo que Shakespeare fabricó cuando escribió Romeo y Julieta fue llevada al extremo en el cine con comedias románticas donde la muerte se produce en el interior del espectador. No se podrÃa entender el cine de terror sin la presencia de la muerte, que bien utilizada conduce a la auténtica tensión del espectador pero que empleada como un cliché indispensable se convierte en un truco sencillo para que niñas de diez años y señoras de cincuenta griten y se abracen. La forma de tolerar la muerte es no verla o observarla a través de los telediarios como algo natural, igual que la primavera o la democracia.






