Por Vasiliev, 6 Abril 2008

Cuando el arte engrasa la maquinaria

Schwarzenegger

El papel que cumplen las estrellas de cine, junto a toda la industria que les respalda dentro del mundo del entretenimiento y los millonarios de Beverly Hills, en época de candidaturas y sondeos hacia la presidencia de los EEUU, es la de financión masiva de la propaganda de partido (campaña electoral) que requiere cada vez un despliegue más costoso y abrumador.

Las estrictas leyes electorales que restringen las donaciones por candidato a no más de 4.600 dólares no impiden que algunos actores o directores no solo empleen su dinero sino que hagan labores de mendicidad, convenciendo a sus amigos y vecinos para que aporten también. Se les llama «bundler» (recogedor), y pueden lograr cientos de miles de dólares para su candidato.

El nuevo mesías de Hollywood, de aficiliación tradicional a las ideas del Partido Demócrata, tras varios años de hegemonía de los Clinton, es Barack Obama, que ha recibido los cheques más ilustres del panorama para convertirse en el candidato demócrata en las elecciones presidenciales.

La lista es inacabable. Ha recibido el dinero y el reconocimiento de gente como George Clooney, Jennifer Aniston, Jamie Foxx, Eddie Murphy, Isaiah Washington, Halle Berry, Angela Bassett, Susan Sarandon, Samuel L. Jackson, Cuba Gooding Jr, Tom Hanks, Morgan Freeman, Edward Norton, Forest Whitaker o Hill Harper, la mayoría ingresando el límite permitido por la ley. En total 2,2 millones de dólares solo de la industria del espectáculo, tanto de actores, músicos y personajes televisivos.

Hillary Clinton, segunda en el ranking con 2,1 millones de dólares, tiene como su principal agente publicitario a Steven Spielberg, aunque este también ha aportado a otras candidaturas demócratas. y como él, Michael Douglas y Paul Newman han invertido 19.900 dólares y 16.100 respectivamente para financiar a varios candidatos demócratas por igual. Sean Penn, que apoyó a John Edwards, candidato más «izquierdista» dentro del partido demócrata, y a Dennis Kucinich.

Los que ya no se cortan, aunque podemos considerarlos los más transgresores, son Adam Sandler, que mandó su cheque al republicano Giuliani, o Chuck Norris, fanático del partido evangélico.

Podemos llevar más allá la afirmación de Alfredo Hitchcock: «Nunca dije que los actores fueran ganado. Lo que declaré es que deberían ser tratados como ganado», ya que el comportamiento político de los que se dedican al arte sigue los mismos estrechos caminos bipartidistas del rebaño: el bien y el mal, republicanos o demócratas, demócratas o republicanos, dios y el diablo y los dos muy semejantes. Sólo que este tipo concreto de rebaño tiene en sus manos el combustible monetario que hace funcionar la maquinaria. Y pretenden que esta maquinaria vele por el interés público y colectivo cuando la financia el poder privado e individual.