Diserciones en torno a La Playa #2
Vasiliev: Me resuta cuanto menos administrativo el hecho de que una película en la cual el eje mórbido de su vagina sea la marihuana reniegue de sus ancestros de ese modo tan medicinal, tan perruno. En ese aspecto no creo que puedas rebatirme la veneración al mausoleo del maoismo albanés.
624: Coincido, pero no en la traslacion que haces el argumento, pues lo alteras en sus terminos. La marihuana constituye, como consititucion suprema del film, erigida, digo, como ley fundamental, reencarnacion de la ley natural, se entiende, el Nexo, pero el nexo no tiene por que identificarse con la estetica intrinseca al color o, siquiera, al determinismo geografico, del cual, por cierto, me considero seguidor. Por tanto, coincido, repito, pero seamos serios en la aplicacion.
Vasiliev: Podríamos conciliar nuestras posturas en un arrebato matemático de satanismo autobusero, pero quiero buscarte la ensaimada debajo del colchón, porque sé que veneras la escena del tiburón, una escena concreta y culinaria que corrobora mi teoría del intelectualismo en el zoológico.
624: Para, para: no me adivines, amigo. Justamente, la escena del tiburon me parece un fallo por parte del guionista; reinterpreta a posteriori el contenido psiquico primariamente irracional y delirante modificandolo para contentar a gendarmes de la industria. Claro que con otro modelo de mercado no estariamos hablando de ello.
Vasiliev: Si el estado compra el pescado, la prole se queda con la mecedora. Sin embargo ese es el gran fallo del guión, la subordinación de lo surreal frente a lo infanticida, de La Alegre Liebre De Los Juegos frente a Stalin. ¿No crees, camarada, que debemos exigir pan al vino y demencia a la beneficiencia funcionaria? ¿Por qué hacer una excepción?
624: Es que justamente lo que criticas engloba de forma natural y organica el nucleo testamental, o el subconsciente colectivo de toda teocracia apreciable. No hay sino bagatela, aplicada al plano de la dopamina, y solo esto y nada mas, y ni siquiera verdad.





