Por Laura Basagaña, 3 Mayo 2008

Elegy, el amor del recuerdo

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Vaivén de sentimientos intimistas relatados con humor y suave nostalgia. El retrato del alma adulta que se niega a envejecer y adopta comportamientos adolescentes, las reflexiones del paso del tiempo y la sátira más cruda vislumbrada a través de acciones cotidianas son los mundos de qué se sirve Coixet para narrar su historia. A través de diálogos callejeros y en tono informal el filme va avanzando hacia caminos dramáticos. Las destacadas interpretaciones de Ben Kingsley y Penélope Cruz contribuyen a dar fuerza a una historia que camina en adagio y se desdibuja en caminos remotos. Con una fotografía impecable, de paisajes lluviosos en un Nueva York adormecido y de playas en blanco y negro Isabel Coixet se aproxima a la idea del amor eterno: ¿Cuándo muere el amor? ¿En qué momento el recuerdo de ese amor pasa a ser eterno? La belleza femenina es el leit motiv de esta película, basada en la novela de Philip Roth «El animal moribundo».

Son tantos los temas tratados en tan poco tiempo, que el largometraje se asemeja a una acuarela poco definida y de colores pálidos. El filme dosifica el dramatismo con cuentagotas en los dos tercios de la película, para desembocar en una lluvia torrencial de drama al final. La poética música de Eric Satie acompaña en todo momento los diálogos de unos personajes que a penas conocemos y que nos resultan lejanos. El final estalla previsible y poético dejando una aureola de misticismo doloroso: raras veces se conjuga el verbo amar en presente.

Ben Kingsley y Penélope Cruz en Elegy.