Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? (1963)
La historia comienza con la llegada de un código secreto a los diferentes aviones del ejército. El plan consiste en un ataque directo, vÃa aérea, a diferentes puntos estratégicos de la URSS y que, el General Ripper, en un intento de solucionar el conflicto entre ambas potencias pone en marcha, por el simple hecho de sospechar que los enemigos están intentado boicotear las aguas potables del paÃs. La estrategia militar establece que, para evitar cualquier tipo de infiltración de los rusos en las conversaciones desde los aviones a tierra, las conexiones serán cortadas contundentemente, sólo puede volver a establecerse contacto mediante una contraseña que solamente Ripper conoce, y que se llevarÃa a la tumba si hiciese falta.
La alarma ante el peligro que supone este ataque, y su posible gran enfrentamiento entre las superpotencias, hace que el Pentágono se ponga en contacto con el General Buck y el embajador ruso, además de otros dirigentes, el Presidente del Gobierno y el ingeniero del paÃs. En la reunión se expone la problemática y las consecuencias que puede tener.
Se logra contactar con todos los aviones, pero existe un aeroplano, que tras haber sufrido un ataque ruso pierde cualquier tipo de posibilidad de conexión, asà como el mecanismo de apertura de las compuertas por donde caen los artefactos.
Destaca en la pelÃcula la forma de contar por parte de los guionistas y el director, un posible enfrentamiento que incluso desencadenarÃa en una «Tercera Guerra Mundial», ya que un ataque directo entre las dos grandes superpotencias implicarÃa a todos los paÃses del mundo, alineados de una forma u otra a los diferentes bloques, el fino e inteligente sentido del humor con el que está regada la pelÃcula es digno de admiración. Sin embargo, la pelÃcula muestra como un «alocado» General Ripper, obsesionado por los fluidos lÃquidos afirma que los rusos están contaminando sus aguas (que representan el 90% del cuerpo humano), por lo que acabarÃa con la población norteamericana y cómo, gracias al poder que se ha volcado hacia él, es capaz de generar todo el meollo sin que el propio Presidente del paÃs se entere del asunto
Por otro lado encontramos al General Buck, un hombre con los pies en el suelo pero demasiado castatrófico, anti-soviético y con una vida privada bastante ajetreada; destaca la escena donde evita cualquier tipo de reunión con los altos cargos por quedarse en casa con la joven.
Muestra una Rusia seria, sosa y con pinceladas de egocentrismo, como bien define el embajador en su papel, donde destaca el poder soviético con palabras, pero que en realidad no existe gran parte ni tal avance que comenta.
Anecdótica es la actuación del piloto del avión, del «kit de supervivencia», el comportamiento de los personajes, la conversación entre los mandatarios... ¿Qué decir del ingeniero? Un tipo alocado y sombrÃo de procedencias alemanas, un nazi «extraviado» que inquieta hasta a los propios mandatarios del paÃs.
Como conclusión, pienso que se trata de una obra maestra del cine, una pelÃcula muy recomendable, no solo a los amantes del séptimo arte, sino a los amantes de la historia en general. Nos muestra de una forma entretenida y cómica la posibilidad de un gran enfrentamiento en el mÃnimo momento. Además, la actuación de Peter Sellers y de George C. Scott (en la que el propio actor consideró que habÃa hecho el mejor papel de su vida, incluso se lamentaba de «haber cobrado» por lo bien que se lo habÃa pasado) son geniales.
TÃtulo original: «Dr. Strangelove, or how I learned to stop worrying and love the bomb»
Director: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick, Terry Southern, Peter George
Reparto: Peter Sellers (hace más de un papel), George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones, Keenan Wynn, Slim Pickens, Peter Bull, Tracy Red, Jack Creley,...
Productora: Columbia
Duración: 93 minutos
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