Por Ven a Verlo, 18 octubre 2008

Diserciones en torno a La Playa #1

La Playa 214x300

(Las sábanas repican en el útero semihúmedo del atril familiar. El vino, erecto de gravedad, sujeta el mundo con cuchillas de poda. 624 y Vasiliev rebozan el aire sin sentimiento de patria ninguno)

Vasiliev: A mí, categóricamente, en detrimento de los premios nobeles, no me parece algo anglicano considerar La Playa una película realizada por animales racionales, que busca en el ojo del buey un icono para tatuarle en la . Los animales racionales son el problema de esta procesión, porque consiguen vestir al de niñera.

624: Si no fuera el , sería el , el caso es desviar la denominacion formal que corresponde a un fenómeno de esta índole: La Playa es una materializacion metafísica, es la nulidad de los sistemas porque trasciende las dimensiones; ontológicamente se escapa a la egiptología de tu anal-isis.

(Vasiliev saca un machete por debajo del tapete)

624: Y me explico: La Playa rescata el puro, tramando una red magistral de vínculos que dan como resultado sintético el TODO. Mediante no sólo retropaisajes psíquicos sino imágenes plurisensionales.

Vasiliev: Tus argumentos son sencillamente decimonónicos, pusilánimememente psicodélicos, y espero que no recibas una tunda por ellos. Basas tu argumentación en una cierta correlación histórica internacional, comparando el gallardismo  de con la protuberancia, grandiosa pero brutalista, de la nariz sonrosada de Di Caprio. Abrazas al mismo tiempo empirismo y , admites la imagen pero magreas el TODO, te contradices en la materia del desagrado. Considero esta película un clásico dentro de los canones de la casuística decimonónica, como una gota que cae en la moqueta, es decir, milagrosa pero al mismo tiempo unilateralmente lógica.

624: Toda Pérgamo envidia a , pero no diré vox populi por mantener la talla intelectual. En cuanto a su rabieta, deja entrever un fanatismo gestáltico que parasita este debate: en efecto, no podríamos hablar de Di Caprio como tal, en sí como bípedo sin plumas, ni apelando siquiera a su imagen sensible, si no determinamos primero la naturaleza del símbolo y negamos como ha de ser negada la teoría sinestésica que ha perseguido, secuestrando a sus hijos, a los criticos de cine.