Durante la gira promocional de la película «Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal» en Alemania, Steven Spielberg ha anunciado que está preparando un biopic sobre la figura de Abraham Lincoln, uno de los presidentes norteamericanos más emblemáticos y queridos, que jugó un papel muy importante en la Guerra de Secesión americana y que fue asesinado en 1865 mientras asistía a una obra de teatro.
Spielberg ya cuenta con un guión escrito por Tony Kushner, quien también participó en el guión de Munich (2005), y con el actor que dará vida al 16º presidente de EE.UU., el alto irlandés Liam Neeson (La Lista de Schindler, Rob Roy) que aceptó el papel hace ya más de tres años.
El rodaje está previsto para 2009, una vez Spielberg haya terminado la filmación de Tintín, que comenzará presumiblemente en septiembre de este año.
Más interesante que la anunciación de los próximos proyectos de Pixar y Disney y el estreno de la segunda entrega del super coñazo «Las Crónicas de Narnia» es el lado oscuro de la factoría Disney de los sueños, tan famosa por la supuesta congelación del cadáver de su fundador como por la descojonante figura del pato Donald, una ingeniosa mezcla de despotismo animal y total ausencia de pantalones.
Casi todos sabemos ya de los mensajes subliminales que sus películas inyectan a la juventud:
Además de las inquietudes de Walt Disney, que iban desde la pertenencia a la secta masónica Orden de Molay, su colaboración con el Comité de Actividades Antiamericanas y sus visitas y admiración a Mussolini, quien a su vez admiraba a Mickey Mouse. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial tomó parte por su país en defensa de los valores americanos (crítica del Pato Donald al Fascismo para acabar besando la estatua «de la libertad»):
Fabricar sus obras de magia y por consiguiente todo su merchandising de buenos sentimientos tiene su precio: imputaciones de esclavitud infantil, explotación y abusos empresariales. Por ejemplo: «Durante varios años, hasta el otoño de 2002, en una empresa proveedora de Walt Disney en Bangladesh se dio la siguiente situación: las trabajadoras debían coser camisetas de Disney en jornadas de 14 a 15 horas y eran golpeadas con frecuencia por los supervisores. Recibían como retribución 5 centavos de dólar por camiseta, que la multinacional vendía luego por 17,99 dólares (lo que supone un porcentaje de 0,25 % por camiseta).»Y sigue.
Acusaciones a la industria Disney las hay para llenar un container:
1) El sadismo descontrolado del ratón favorito de América con el resto de los animales en sus primeros cortos, pateándolos libremente:
2) Otros han visto racismo y desprecio hacia otras razas no blancas:
3) Machismo y exaltación de la violencia otra vez:
4) Todo eso y mucho más en sus canciones:
5) Y extremos donde la interpretación toca ya el otro extremo de la depravación mental:
Seguramente tu mismo, si en tu infancia has estado expuesto a sus animaciones, tendrás ahora en tu subconsciente todos estos mensajes ideológicos instalados como un microchip que te ordena destruir tu ordenador. ¿La solución? Podeis comprarles a vuestros hijos esas mal dibujadas cintas falsificadoras del original y causarle un doble efecto traumático.